Aún después de casi 6 meses, todavía siento ese cosquilleo al besarla. Todavía tengo la necesidad de escuchar su voz antes de irme a dormir y se me sigue encogiendo el corazón cada vez que la veo marchar, o quedarse en tierra, y es que al fin y al cabo nos separamos igual. Inclusive si desaparece de mis sueños despierto con alguna que otra lagrima en los ojos. Es triste, pero mi corazón sobrevive haciéndose pequeño para así poderle demostrar que vive sólo y únicamente por ella, que no hay sitio para nadie más; quiere regalarle cada rincón para que se sienta a gusto, para que no se vaya, para retenerla y no dejarla ir. Y es entonces que vuelve a latir, cuándo la tengo cerca, cada vez que me mira a los ojos, que me hipnotiza con su mirada, cada vez que me agarra y no me quiere soltar.
Visto y perfumo a la almohada, la abrazo. A ti, pero no. Cierro los ojos y vienes, estás aquí; tu olor me embriaga, me eclipsa. Me evado y sonrío al recordar cómo eres capaz de hacerme tuya con un gesto, con una palabra. Tu facilidad de ablandarme el corazón y desearme felices sueños.
[No dudes, no ceses. Sólo confía.]

1 comentari:
Gracias por el comentario ;)
la verdad que ha sido muy difícil para los dos, pues yo tuve una pareja anterior, pero él ha sabido esperar a que me estabilice..
Espero que a ti nunca te pase, no es plato de buen gusto para nadie.
Un besazo!!
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